jueves, 14 de abril de 2016

La Recompensa

Sé que había prometido dejarlo pero llevaba un mal día, un día de mierda a decir verdad. Además ya lo tenía bastante controlado. Ni temblores, ni náuseas, ni dolores de cabeza ni alucinaciones, así que, ¿por qué no disfrutar de un momento de evasión? ¡Por los viejos tiempos! Ya sabes, cuando aún era capaz de pasarlo bien y volver al día siguiente a la porquería de mi vida como si nada.

Después de que mi novia me dejara, de ser un apestado para mi familia y de quedarme con tan pocos amigos como dientes, ¡merecía una recompensa! Y seamos sinceros: esta jodida vida no sabe dar recompensas saludables ni legales. No me hables de las puestas de sol ni de una buena canción, por favor. No me nombres la sonrisa de un niño. Odio a los críos.

Así pues, planeé mi recompensa: esa noche llegaría a casa y me metería un buen viaje mientras veía una de esas series nacionales que ya a nadie le hacían gracia pero que repetían hasta la náusea. Igual así hasta conseguía reírme un rato y todo. Puede que incluso riera tanto como la vieja Gladys, con aquellas carcajadas que parecían provenir de un matadero de cerdos y cuyo sonido te atravesaba el cerebro como el de unas afiladas uñas arañando una pizarra.

El problema era el mismo de siempre: el dinero. Intenta conseguir un trabajo después de salir de la cárcel, con una ropa que parece que hayas heredado de algún hermano mayor gordo y con miedo a sonreír para no enseñar los dientes que te faltan.

Suerte que siempre existirán los hospitales. No podían ofrecerme mi menú preferido, pero tampoco es que mi situación me permitiera ponerme exquisito.
Cualquier cosa que les dieran a los que estaban entre la vida y la muerte para calmar sus dolores me serviría.

Todo el mundo se queja de los recortes del gobierno, pero a mí los de sanidad me habían proporcionado viajes gratis. A aquellas horas de la madrugada los servicios eran mínimos, y más en un pueblo tan pequeño como el mío. Menos personas = más facilidad para colarme. Perfecto.
No era la primera vez que lo hacía, así que no me costó llegar al quirófano. Sabía que era allí donde guardaban los sedantes más potentes. En un rápido movimiento me metí dentro y pegué la espalda a la puerta. La habitación estaba en una perfecta penumbra gracias a la poca luz que provenía de las farolas de la calle. Casi me muero de un susto cuando vi que no estaba solo.

Una chica rubia con el pelo muy largo y vestida con algo verde que parecía el uniforme de una enfermera, negaba con la cabeza. Le pregunté porque no me hablaba, y entonces fue cuando me di cuenta de que estaba amordazada. No sabía si sería algún rollo sexual entre enfermeros, como una mezcla entre Anatomía de Grey y Las Cincuenta Sombras de ídem, pero como ninguna de esas mierdas me iban, tampoco iba a quedarme a averiguarlo.

Me dirigí a las cajoneras de plástico que habían pegadas a la pared y me llené los bolsillos sin ningún reparo mientras escuchaba los grititos de la rubia amordazada.
No paraba de decirle en susurros que se callara, que yo no quería hacer daño a nadie, sólo darme un rato de paz y felicidad. Que no siguiera intentando hablar porque no me interesaban sus jueguecitos.

Fue entonces cuando sentí una mano en el hombro. Tan fría, que la sentía a través de mi chaqueta.
Me giré y vi a un friki vestido como en una película de época, con terciopelo rojo de marica y todo esas cosas. Hasta un pañuelo llevaba en el cuello, seguro su madre le había bordado su nombre en algún rincón por si lo perdía.
Estaba a punto de soltarle alguno de mis ingeniosos pensamientos cuando me dijo que aquello no era ningún juego. Puede que eso hizo que me riera un poco de él, bueno, o puede que mucho. Entonces el tío me lanzó contra las camillas, y se fueron juntando una tras otra como si estuviéramos en los coches de choque.

Me cabreó que un payaso como él hubiera sido capaz de darme un golpe así y fui a por él.
Primero quería intimidarle, así que acerqué mi cara muy cerca de la suya, sin embargo, el intimidado fui yo: sus ojos eran amarillos. No un amarillo como el de la hepatitis, no. ¡Amarillo como una puta serpiente! Cuando se dió cuenta de mi sorpresa, me sonrió y vi los dientes más blancos y afilados que he visto jamás. Me dijo que me fuera si no quería sufrir las consecuencias, pero me dió pena lo que le pudiera hacer a la chica, así que le exigí que la soltara. El se negó y me dijo que quizás al final, sí que íbamos a jugar.

Corrí hacia ella, pero volvió a estamparme contra la pared. Supongo que fue entonces cuando perdí el conocimiento y al despertar, me rodeaba el silencioso desprecio del personal de enfermería. Oí algún insulto mientras me levantaban del suelo. Entre la masa de enfermeros y médicos cabreados, vi a la chica tendida en el suelo, sobre un charco de sangre.

No digo que fuera ningún vampiro, pero ese chico tenía una fuerza que no era normal, se movía demasiado rápido y sus ojos brillaban en la oscuridad.


Vale, ya veo como vienen hacia mí esos hombres vestidos de blanco, me traen un regalo. Es una camisa a juego con la suya, sólo que mis mangas están pegadas a la espalda. En fin, al menos en esos sitios no tendré que robar las drogas. Por fin tendré mi recompensa.




2 comentarios:

  1. Hola Chari!!!!

    Vaya, vaya! Este escrito es más largo que los anteriores. Cada vez te vas animando más, te veo mejor y me alegro un montón!

    Aunque últimamente te ha dado por escribir cosas un tanto gores. Digo yo ¿no se podía tirar por un puente antes de que muera una mujer? Eso molaría. La peña está muy pirada. Por cierto, que algo tiene a Guillermo del Toro.

    Un besoteee!!! ♥

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    Respuestas
    1. ¡Hola Hydre!:
      Primero que todo debo confesar que este relato lo escribí hace un par de semanas o más, así que probablemente esté un poco mejor que cuando lo escribí.

      Lo gore y trágico siempre me ha atraído incluso en épocas en las que estaba genial, soy así de extraña, pero me da la sensación de que lo que escriba a partir de ahora tendrá algo más de luz.

      Me ha hecho ilusión que compares algo de lo que escribo con Guillermo del Toro. Como siempre, te agradezco que tomes tu tiempo en leerme y dejarme un comentario ;)

      ¡¡Besotes!!

      Eliminar

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