martes, 30 de septiembre de 2014

El Genio de la Creatividad


Navegando por la blogosfera encontré este vídeo en el que Elizabeth Gilbert habla de la creatividad, y tratándose de una autora que lleva toda su vida escribiendo y que, además consiguió que uno de sus libros fuera un súper ventas (Come, Reza, Ama), me dije que, como mínimo tenía que escucharla.

Con los toques de humor típicos en este tipo de discursos (supongo que para evitar que se conviertan en soporíferas conferencias), Elizabeth Gilbert nos alerta sobre la peligrosidad de haber asumido como normal y lógico que los creativos sean personas angustiadas, que sufren y que en muchas ocasiones, se dan a la bebida. Nos advierte de ese proceso interiorizado a través del cual hemos llegado a aceptar que el arte y la creatividad llevan implícitos el sufrimiento y la amargura, y nos propone otro tipo de pensamiento, para ello se va muchos años atrás, concretamente a la época de la Antigua Grecia y Antigua Roma.

Mucho antes del antropocentrismo nacido en la época del Renacimiento, la responsabilidad del arte no recaía sobre el hombre, sino sobre un ente mágico y divino, alejado del ser humano.
No se "era" un genio, sino que se "tenía" un genio; una especie de duende travieso (o musa si lo preferís), que susurraba ideas a los artistas: escritores, poetas, músicos, pintores...

Como es lógico, en nuestra racionalizada y escéptica sociedad esto nos parece una especie de cuento de hadas, y es lo normal, pero cuando la autora de Come, Reza, Ama, habla de esas ideas que todo creativo tiene y que no sabe de dónde viene, le da a uno que pensar. Ojo, no estoy diciendo que tenga escondido en la pared de mi cuarto a ninguna musa, pero aceptar que la inspiración es, en muchas ocasiones, irracional y caprichosa, hace que nos relajemos un poco, y nos desquitemos tanto de la culpabilidad como del narcisismo.
Porque para dedicarse a cualquier rama creativa hay que trabajar duro, pero también hay que aceptar de buen grado esos pequeños y maravillosos fogonazos de ideas y asumir que no será lo habitual. Aparecerán en cualquier momento y situación, como una especie de recompensa al trabajo duro.

Siempre he pensando que "los grandes" trabajaban sólo con eso; con ese fogonazo creativo, con esa chispa de divinidad, pero cada vez pienso más a menudo que esa gota de genialidad es la materia prima sobre la que hay que trabajar, trabajar y trabajar.

Como dijo Thomas Edison:
"El genio es uno por ciento de inspiración y un noventa y nueve por ciento de transpiración."

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