domingo, 30 de junio de 2013

La Macabra Realidad de Los Cuentos Infantiles : La Cenicienta

Todos y todas hemos leído y escuchado cuentos tales como Caperucita Roja, Blancanieves, Cenicienta... Probablemente todos tengamos uno favorito entre todos estos cuentos que consideramos tan inocentes e inofensivos. Se nos antojan relatos con final feliz que fueron creados para entretener a los niños y en los cuales, se podía vislumbrar alguna enseñanza velada, pero ¿y si os dijera que estos cuentos, en su origen , no eran así de "inocentes"? Y no, ahora no hablo de ningún tipo de leyenda urbana, sino de la historia original de los cuentos de los hermanos Grimm y de Charles Perrault. Historias en las que podemos observar, seguramente, con horror, casos de antropofagia, asesinatos y mutilaciones...

En esta segunda entrega de La Macabra realidad de los Cuentos Infantiles, os traigo la verdadera historia de La Cenicienta, uno de mis cuentos preferidos de la infancia.
Si queréis saber más, no dejéis de leer...
 La Cenicienta
El cuento que todos/as conocemos de La Cenicienta es más o menos el siguiente:

El padre de Cenicienta queda viudo y se casa con una mujer cuyas hijas hacen la vida imposible a Cenicienta, quien se tiene que ocupar de todas las tareas del hogar; hecho por el cual la llaman Aschenbrödel, que significa "Burbuja de ceniza", nombre que ha llegado a nosotros como "Cenicienta", pues bien, un buen día, el príncipe organiza un baile para decidir quien será su esposa, pero a Cenicienta no le está permitido ir. No obstante, una vez se han ido sus hermanastras, aparece un hada madrina, quien convierte una calabaza en coche y unos ratones en caballos y viste a nuestra protagonista de una forma tan espectacular que nadie es capaz de reconocerla en el baile.
Cenicienta se pasa la noche bailando con el príncipe, quien queda prendado de ella, pero se tiene que ir porque, tal y como le ha dicho su hada madrina, a las doce, se deshará el hechizo.
Tal es su prisa, que pierde un zapato en las escaleras de palacio, objeto que el principe utiliza para encontrar a su bella dama, que no duda en buscar casa por casa para ver cual es el pie que encaja en ese zapato.
Al llegar a casa de La Cenicienta, el zapato no entra en los grandes pies de sus hermanastras, pero sí en el suyo.
El príncipe decide casarse con ella y ambos fueron felices y comieron perdices.
Muy bien, ¿Y si os dijera que en el cuento original no existen hadas madrinas?¿Y si os contara que la pérdida del zapato de Cenicienta no fue un simple tropiezo por las prisas?¿De verdad creéis que unas hermanastras tan malvadas se conformarían con que no les cabiera un zapato?

Como con otros muchos relatos es Perrault quien recoge la historia y la "transforma" en un cuento apto para el público infantil, pero los antepasados de La Cenicienta son antiguos y, en absoluto, infantiles.

Ródope era su nombre para los antiguos egipcios, a quien también nombra Heródoto en sus relatos, también hablaron de ella los griegos, e incluso tenemos una Cencienta china ("Pies de Loto") y una vietnamita ("Arroz Partido") [Para más información, puedes visitar Wikipedia ]


A continuacion, el cuento más fiel al original ,por obra de los hermanos Grimm, con esos detalles algo desagradables que se han repetido en muchas culturas y épocas,y que no conocíamos:

Un hombre rico tenía a su mujer muy enferma, y cuando vio que se acercaba su fin, llamó a su hija única y le dijo: 
-Querida hija, sé piadosa y buena, Dios te protegerá desde el cielo y yo no me apartaré de tu lado y te bendeciré. 
Poco después cerró los ojos y espiró. La niña iba todos los días a llorar al sepulcro de su madre y continuó siendo siempre piadosa y buena. Llegó el invierno y la nieve cubrió el sepulcro con su blanco manto, llegó la primavera y el sol doró las flores del campo y el padre de la niña se casó de nuevo.
La esposa trajo dos niñas que tenían un rostro muy hermoso, pero un corazón muy duro y cruel; entonces comenzaron muy malos tiempos para la pobre huérfana.
-No queremos que esté ese pedazo de ganso sentada a nuestro lado, que gane el pan que coma, váyase a la cocina con la criada.
Le quitaron sus vestidos buenos, le pusieron una basquiña remendada y vieja y le dieron unos zuecos. 
-¡Qué sucia está la orgullosa princesa! -decían riéndose, y la mandaron ir a la cocina: tenía que trabajar allí desde por la mañana hasta la noche, levantarse temprano, traer agua, encender lumbre, coser y lavar; sus hermanas le hacían además todo el daño posible, se burlaban de ella y le vertían la comida en la lumbre, de manera que tenía que bajarse a recogerla. Por la noche, cuando estaba cansada de tanto trabajar, no podía acostarse, pues no tenía cama, y la pasaba recostada al lado del fuego, y como siempre estaba llena de polvo y ceniza, le llamaban la Cenicienta.
Sucedió que su padre fue en una ocasión a una feria y preguntó a sus hijastras lo que querían que les trajese. 
-Un bonito vestido -dijo la una. 
 -Una buena sortija, -añadió la segunda. 
 -Y tú, Cenicienta, ¿qué quieres? -le dijo.
-Padre, tráeme la primera rama que encuentres en el camino. 
Compró a sus dos hijastras hermosos vestidos y sortijas adornadas de perlas y piedras preciosas, y a su regreso, al pasar por un bosque cubierto de verdor, tropezó con su sombrero en una rama de zarza, y la cortó. Cuando volvió a su casa dio a sus hijastras lo que le habían pedido y la rama a la Cenicienta, la cual se lo agradeció; corrió al sepulcro de su madre, plantó la rama en él y lloró tanto que, regada por sus lágrimas, no tardó la rama en crecer y convertirse en un hermoso árbol. La Cenicienta iba tres veces todos los días a ver el árbol, lloraba y oraba y siempre iba a descansar en él un pajarillo, y cuando sentía algún deseo, en el acto le concedía el pajarillo lo que deseaba. 
Celebró por entonces el rey unas grandes fiestas, que debían durar tres días, e invitó a ellas a todas las jóvenes del país para que su hijo eligiera la que más le agradase por esposa. Cuando supieron las dos hermanastras que debían asistir a aquellas fiestas, llamaron a la Cenicienta y la dijeron. 
-Péinanos, límpianos los zapatos y ponles bien las hebillas, pues vamos a una boda al palacio del Rey. 
La Cenicienta las escuchó llorando, pues las hubiera acompañado con mucho gusto al baile, y suplicó a su madrastra que se lo permitiese. 
-Cenicienta -le dijo-: estás llena de polvo y ceniza y ¿quieres ir a una boda? ¿No tienes vestidos ni zapatos y quieres bailar?
Pero como insistiese en sus súplicas, le dijo por último:
-Se ha caído un plato de lentejas en la ceniza, si las recoges antes de dos horas, vendrás con nosotras:
-La joven salió al jardín por la puerta trasera y dijo: 
-Tiernas palomas, amables tórtolas, pájaros del cielo, vengan todos y ayúdenme a recoger.
Las buenas en el puchero,
las malas en el caldero.

Entraron por la ventana de la cocina dos palomas blancas, y después dos tórtolas y por último comenzaron a revolotear alrededor del hogar todos los pájaros del cielo, que acabaron por bajarse a la ceniza, y las palomas picoteaban con sus piquitos diciendo pi, pi, y los restantes pájaros comenzaron también a decir pi, pi, y pusieron todos los granos buenos en el plato. Aun no había trascurrido una hora, y ya estaba todo concluido y se marcharon volando. Llevó entonces la niña llena de alegría el plato a su madrastra, creyendo que le permitiría ir a la boda, pero ésta le dijo: 
-No, Cenicienta, no tienes vestido y no sabes bailar, se reirían de nosotras.
Mas viendo que lloraba, añadió:
-Si puedes recoger de entre la ceniza dos platos llenos de lentejas en una hora, irás con nosotras.
Creyendo en su interior que no podría hacerlo, vertió los dos platos de lentejas en la ceniza y se marchó, pero la joven salió entonces al jardín por la puerta trasera y volvió a decir:
-Tiernas palomas, amables tórtolas, pájaros del cielo, vengan todos y ayúdenme a recoger.
Las buenas en el puchero,
las malas en el caldero.

Entraron por la ventana de la cocina dos palomas blancas, después dos tórtolas, y por último comenzaron a revolotear alredor del hogar todos los pájaros del cielo que acabaron por bajarse a la ceniza y las palomas picoteaban con sus piquitos diciendo pi, pi, y los demás pájaros comenzaron a decir también pi, pi, y pusieron todas las lentejas buenas en el plato, y aun no había trascurrido media hora, cuando ya estaba todo concluido y se marcharon volando. Llevó la niña llena de alegría el plato a su madrastra, creyendo que le permitiría ir a la boda, pero ésta le dijo:
 
-Todo es inútil, no puedes venir, porque no tienes vestido y no sabes bailar; se reirían de nosotras.
Le volvió entonces la espalda y se marchó con sus orgullosas hijas.
En cuanto quedó sola en casa, fue la Cenicienta al sepulcro de su madre, debajo del árbol, y comenzó a decir:
Arbolito pequeño,
dame un vestido;
que sea, de oro y plata,
muy bien tejido.

El pájaro le dio entonces un vestido de oro y plata y unos zapatos bordados de plata y seda; en seguida se puso el vestido y se marchó a la boda; sus hermanas y madrastra no la conocieron, creyendo que sería alguna princesa extranjera, pues les pareció muy hermosa con su vestido de oro, y ni aun se acordaban de la Cenicienta, creyendo que estaría mondando lentejas sentada en el hogar. Salió a su encuentro el hijo del Rey, la tomó de la mano y bailó con ella, no permitiéndole bailar con nadie, pues no la soltó de la mano, y si se acercaba algún otro a invitarla, le decía: 
 
-Es mi pareja. 
Bailó hasta el amanecer y entonces decidió marcharse; el príncipe le dijo:
-Iré contigo y te acompañaré -pues deseaba saber quién era aquella joven, pero ella se despidió y saltó al palomar.

Entonces aguardó el hijo del Rey a que fuera su padre y le dijo que la doncella extranjera había saltado al palomar. El anciano creyó que debía ser la Cenicienta; trajeron una piqueta y un martillo para derribar el palomar, pero no había nadie dentro, y cuando llegaron a la casa de la Cenicienta, la encontraron sentada en el hogar con sus sucios vestidos y un turbio candil ardía en la chimenea, pues la Cenicienta había entrado y salido muy ligera en el palomar y corrido hacia el sepulcro de su madre, donde se quitó los hermosos vestidos que se llevó el pájaro y después se fue a sentar con su basquiña gris a la cocina.
Al día siguiente, cuando llegó la hora en que iba a principiar la fiesta y se marcharon sus padres y hermanas, corrió la Cenicienta junto al arbolito y dijo:
Arbolito pequeño,
dame un vestido;
que sea, de oro y plata,
muy bien tejido.
 

Entonces el pájaro le dio un vestido mucho más hermoso que el del día anterior y cuando se presentó en la boda con aquel traje, dejó a todos admirados de su extraordinaria belleza; el príncipe que la estaba aguardando le cogió la mano y bailó toda la noche con ella; cuando iba algún otro a invitarla, decía: 
-Es mi pareja. 
Al amanecer manifestó deseos de marcharse, pero el hijo del Rey la siguió para ver la casa en que entraba, más de pronto se metió en el jardín de detrás de la casa. Había en él un hermoso árbol muy grande, del cuál colgaban hermosas peras; la Cenicienta trepó hasta sus ramas y el príncipe no pudo saber por dónde había ido, pero aguardó hasta que vino su padre y le dijo:
-La doncella extranjera se me ha escapado; me parece que ha saltado el peral. El padre creyó que debía ser la Cenicienta; mandó traer una hacha y derribó el árbol, pero no había nadie en él, y cuando llegaron a la casa, estaba la Cenicienta sentada en el hogar, como la noche anterior, pues había saltado por el otro lado el árbol y fue corriendo al sepulcro de su madre, donde dejó al pájaro sus hermosos vestidos y tomó su basquiña gris.
Al día siguiente, cuando se marcharon sus padres y hermanas, fue también la Cenicienta al sepulcro de su madre y dijo al arbolito: 
Arbolito pequeño,
dame un vestido;
que sea, de oro y plata,
muy bien tejido.

Entonces el pájaro le dio un vestido que era mucho más hermoso y magnífico que ninguno de los anteriores, y los zapatos eran todos de oro, y cuando se presentó en la boda con aquel vestido, nadie tenía palabras para expresar su asombro. El príncipe bailó toda la noche con ella y cuando se acercaba alguno a invitarla, le decía: 
-Es mi pareja. 
Al amanecer se empeñó en marcharse la Cenicienta, y el príncipe en acompañarla, mas se escapó con tal ligereza que no pudo seguirla, pero el hijo del Rey había mandado untar toda la escalera de pega y se quedó pegado en ella el zapato izquierdo de la joven; lo levantó el príncipe y vio que era muy pequeño, bonito y todo de oro. Al día siguiente fue a ver al padre de la Cenicienta y le dijo: 
-He decidido que sea mi esposa a la que venga bien este zapato de oro. 
Alegráronse mucho las dos hermanas porque tenían los pies muy bonitos; la mayor entró con el zapato en
su cuarto para probárselo, su madre estaba a su lado, pero no se lo podía meter, porque sus dedos eran demasiado largos y el zapato muy pequeño. Al verlo le dijo su madre, alargándole un cuchillo: 
-Córtate los dedos, pues cuando seas reina no irás nunca a pie.
La joven se cortó los dedos; metió el zapato en el pie, ocultó su dolor y salió a reunirse con el hijo del rey, que la subió a su caballo como si fuera su novia, y se marchó con ella, pero tenía que pasar por el lado del sepulcro de la primera mujer de su padrastro, en cuyo árbol había dos palomas, que comenzaron a decir:
No sigas más adelante,
detente a ver un instante,
que el zapato es muy pequeño
y esa novia no es su dueño.

Se detuvo, le miró los pies y vio correr la sangre; volvió su caballo, condujo a su casa a la novia fingida y dijo que no era la que había pedido, que se probase el zapato la otra hermana. Entró ésta en su cuarto y se le metió bien por delante, pero el talón era demasiado grueso; entonces su madre le alargó un cuchillo y le dijo: 
-Córtate un pedazo del talón, pues cuando seas reina, no irás nunca a pie.
La joven se cortó un pedazo de talón, metió un pie en el zapato, y ocultando el dolor, salió a ver al hijo del rey, que la subió en su caballo como si fuera su novia y se marchó con ella; cuando pasaron delante del árbol había dos palomas que comenzaron a decir: 
 No sigas más adelante,detente a ver un instante, que el zapato es muy pequeño
y esa novia no es su dueño.

Se detuvo, le miró los pies, y vio correr la sangre, volvió su caballo y condujo a su casa a la novia fingida: 
-Tampoco es esta la que busco -dijo-. ¿Tienen otra hija? 
-No -contestó el marido- de mi primera mujer tuve una pobre chica, a la que llamamos la Cenicienta, porque está siempre en la cocina, pero esa no puede ser la novia que buscas.
El hijo del rey insistió en verla, pero la madre le replicó: 
 
-No, no, está demasiado sucia para atreverme a enseñarla.
Se empeñó sin embargo en que saliera y hubo que llamar a la Cenicienta. Se lavó primero la cara y las manos, y salió después a presencia del príncipe que le alargó el zapato de oro; se sentó en su banco, sacó de su pie el pesado zueco y se puso el zapato que le venía perfectamente, y cuando se levantó y le vio el príncipe la cara, reconoció a la hermosa doncella que había bailado con él, y dijo: 
-Esta es mi verdadera novia. 
La madrastra y las dos hermanas se pusieron pálidas de ira, pero él subió a la Cenicienta en su caballo y se marchó con ella, y cuando pasaban por delante del árbol, dijeron las dos palomas blancas. 
 
Sigue, príncipe, sigue adelante
sin parar un solo instante,
pues ya encontraste el dueño
del zapatito pequeño.

Después de decir esto, echaron a volar y se pusieron en los hombros de la Cenicienta, una en el derecho y otra en el izquierdo.
Cuando se verificó la boda, fueron las falsas hermanas a acompañarla y tomar parte en su felicidad, y al dirigirse los novios a la iglesia, iba la mayor a la derecha y la menor a la izquierda, y las palomas que llevaba la Cenicienta en sus hombros picaron a la mayor en el ojo derecho y a la menor en el izquierdo, de modo que picaron a cada una un ojo; a su regreso se puso la mayor a la izquierda y la menor a la derecha, y las palomas picaron a cada una en el otro ojo, quedando ciegas toda su vida por su falsedad y envidia.



 ¿Qué os parece? Ni hada madrina, ni calabazas. Cenicienta no perdió el zapato por un tropiezo, que como habréis podido ver no es de cristal y sus envidiosas hermanas, mutilaron sus pies para poder caber en los zapatos. Además en esta versión son castigadas por su intento de engaño.


Buscando información sobre este cuento, he leído en un blog una conclusión de este cuento que me ha parecido preciosa y que me apetece compartir con vosotros/as:


"Buscar el amor es muy simple. Lo verdaderamente difícil es no aceptar lo aparente, así como el príncipe deshecha a las hermanastras, cuyos pies, mutilados, es cierto, calzan en el zapato de cristal, es decir, se adaptan a él. Por el contrario, el verdadero amor está oculto, es, en definitiva, un secreto. Los zapatos son una excusa, calcen o no. Lo único que importa es la búsqueda, y la seguridad de que la verdadera belleza suele adoptar formas modestas, humildes, cenicientas, si se quiere, que velan su esencia celestial hasta la llegada de quien se atreva a contemplarla."
Y para acabar, un poco de humor, que no viene nada mal :

4 comentarios:

  1. Madre mia! Nada que ver con el que conocemos!! Me ha encantado la reflexion final :D

    Gracias por descubrirnos los verdaderos cuentos! :D

    Besitooooooooos

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    Respuestas
    1. Me alegro de que estas entradas te gusten y ver por aquí tus comentarios ;)
      Sí, la reflexión es muy bonita, me encantó.

      Me he encontrado con muchas sorpresas investigando sobre estos cuentos, ya verás en las "próximas entregas" xD

      Besos!!

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  2. Hola Chari.
    Yo ya había oído que los cuentos de los hermanos Grimm habían sido muy modificados para que llegasen al público infantil. Y este en particular ya lo había leído anteriormente, pero he de reconocer que a la niña que aún vive en mí le gusta más el de siempre...
    La reflexión que pones al final me ha encantado.
    Besinos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, la reflexión final la encontré en un blog y me encantó <3
      He recuperado esta serie de "La Macabra Realidad de los Cuentos Infantiles" aprovechando que es Halloween, ya que veo que pese a ser entradas que ya tienen años son de las más visitadas.

      Besos.

      Eliminar

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